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D. Altschuler

J. Alonso

 Vivimos un mundo paradójico. Por un lado desarrollamos el método  científico para estudiar el universo y hemos adquirido una buena idea de  como es y como funciona el mundo. Apoyados en un marco teórico cada  vez  más abarcador, verificado por experimentos, observaciones y  simulaciones  numéricas, nos fue posible luego de un difícil y en ocasiones  engorroso  proceso, llegar a comprender las partes esenciales del mundo  en el cual  vivimos. Por otro lado, muchos continúan aferrándose - contra  toda  evidencia - a extrañas creencias y antiguos mitos, una amalgama que  se  agrupa bajo el apelativo de pseudociencias.